Seré sincero contigo: la Biblia no aborda este tema de manera directa. Sin embargo, de alguna forma todos entendemos que este tipo de conducta no se alinea con los principios de las Escrituras. Por eso, al responder esta pregunta, debemos considerar otra: ¿existen principios bíblicos que sugieran que “andar de iglesia en iglesia” es algo incorrecto?
En lo personal, creo que sí. Cambiar constantemente de iglesia es algo que está mal y, en muchos casos, puede considerarse pecado. Veamos qué enseña la Biblia al respecto, aunque sea de forma indirecta y basada en principios.
La biblia sugiere que vivamos en una comunidad
Los primeros discípulos formaban parte de una comunidad que convivía estrechamente: partían el pan, adoraban juntos, crecían en la doctrina de los apóstoles, se ayudaban mutuamente y trabajaban en unidad para hacer avanzar el Reino de Dios (Hch. 2:42–47).
Esta comunidad es descrita en otros pasajes como “la familia de la fe” (Gál. 6:10; Ef. 2:19), lo cual presupone relaciones cercanas, un “amor entrañable” e interacción constante. En otras palabras, la Biblia presenta la vida cristiana como una vida comunitaria, donde nos amamos y edificamos mutuamente.
Difícilmente esto puede vivirse saltando de iglesia en iglesia.
La biblia sugiere que nos sometamos a ministros específicos
Los miembros de las iglesias suelen hablar de “su” pastor o de “nuestros” pastores. Este lenguaje, aunque pueda parecer simplemente una costumbre lógica, tiene un fundamento bíblico que se refleja claramente en las Escrituras.
Hebreos 13:17 exhorta a los destinatarios de la carta a someterse a “sus pastores”, porque ellos velan por “sus almas”. Aquí se muestra una relación específica entre pastores y ovejas: no se trata de cualquier pastor, sino de los suyos. Esto se debe a que, en cada iglesia local, hay pastores responsables de cuidar a cristianos concretos.
De manera similar, en 1 Pedro 5:2 se llama a los líderes a apacentar la grey que está entre ellos. No se refiere a la grey de otro lugar, sino a la que está en medio de ellos, es decir, la iglesia local en la que ejercen su ministerio.
Este tipo de relación pastoral no puede establecerse con quienes van de iglesia en iglesia sin compromiso.
La biblia sugiere que sirvamos en un cuerpo local
El servicio cristiano debe realizarse con diligencia y amor. Para ello, el Señor ha dado dones a cada creyente, con el propósito de que, al ponerlos al servicio de la iglesia, podamos edificarnos mutuamente. Si bien es cierto que los dones pueden tener una aplicación más amplia —incluso llegando a otras iglesias locales—, la realidad es que su ejercicio y desarrollo se dan, en primer lugar, en el contexto de una iglesia local concreta.
Además, no solo estás llamado a desarrollar tus dones dentro de una comunidad cristiana, sino también a ser edificado y servido por los dones de tus hermanos.
Esto no es posible si vives como un nómada de iglesias.
La unidad eclesial implica el compromiso local
La Biblia llama al cristiano a vivir en unidad, a tener un mismo sentir con sus hermanos y a mantener una misma fe. La diversidad de iglesias hace que este llamado no pueda tomarse a la ligera: cientos de congregaciones sostienen convicciones distintas sobre diversos asuntos que, aunque puedan considerarse secundarios, en la práctica tienen efectos palpables.
Supongamos que decides asistir a una iglesia presbiteriana porque aprecias la predicación y la solemnidad del servicio de adoración, pero rechazas la doctrina del bautismo infantil. Cuando se celebre un bautismo de niños, probablemente te sentirás perturbado, mientras que los demás hermanos estarán llenos de gozo. En ese momento no habrá un mismo sentir, ni unidad de convicción, ni gozo compartido.
La unidad implica un compromiso con la iglesia local y nos llama a vivir conforme a los principios de las Escrituras sobre la comunión cristiana. La unidad de la iglesia se manifiesta en una membresía unida por convicciones comunes, gobernada por pastores y ancianos, y guiada con misericordia por un cuerpo de diáconos.
Conclusión
Podemos concluir que aunque la Escritura no nos dice que esté mal andar de iglesia en iglesia, la realidad es que contrario a la naturaleza misma de lo que significa ser miembro del cuerpo de Cristo y la manera como debemos relacionarnos con él.
Esto no significa que un cristiano no pueda cambiarse de iglesia en algún momento. Pero si este cambia debe hacerlo con la intención de comprometerse en servicio, comunidad, doctrina y amor, y no para que andemos como nómadas eclesiásticos.
Si queremos agradar a Dios con nuestra forma de vivir, entonces debemos procurar vivir en una comunidad cristiana, formando parte de su amor, crecimiento, adoración y compromiso.




