Atéismo práctico

Ateismo practico
Tabla de contenido

Normalmente pensamos que un ateo es alguien que afirma que Dios no existe. Sin embargo, el ateo más común es aquel que confiesa con sus labios que Dios existe, pero lo niega en su corazón (Salmo 14:1).

Tendemos a pensar que esto solo aplica a los incrédulos o inconversos, pero… ¿acaso los cristianos no hemos albergado, en algún momento, las mismas palabras de este salmo en nuestro corazón? Cuando en la práctica vivimos como si Dios no existiera, en ese momento somos ateos en la práctica.

A veces, podemos estar negando la existencia de Dios sin siquiera darnos cuenta. En este artículo trataré de presentarte algunas formas en las que se evidencia el ateísmo práctico, con el fin de que podamos examinarnos a nosotros mismos.

¿Qué es el ateísmo práctico?

El ateísmo práctico es “creer en Dios, pero vivir como si no existiera”. Es negar la existencia de Dios —parcial o totalmente— mediante nuestros hechos.

Permítame ilustrarlo: supongamos que realmente crees que los vampiros existen. Si es así, eso se evidenciará en tu práctica: tendrás crucifijos, tal vez guardes plata o agua “bendita” debajo de la cama, y colocarás ajos en las ventanas. En otras palabras, tu vida se alineará con lo que crees.

De la misma manera, si creemos que Dios existe —específicamente el Dios de la Biblia— nuestras vidas deben cambiar.

Pero entonces, ¿cómo se ve el ateísmo práctico?

12 ejemplos de ateismo práctico

Estos ejemplos los he sacado de la estructura del libro Cristiano Ateo de Craig Groeschel, un libro que desarrolla con bastante extensión y precisión el fenómeno del ateísmo práctico en la vida de los creyentes.

Veamos pues, 12 ejemplos de ateísmo practico muy común en nuestro tiempo:

1. Creer en Dios pero no conocerlo personalmente:

Es posible afirmar que se cree en Dios y, al mismo tiempo, demostrar un desconocimiento total de quién es Él. Las Escrituras muestran que es factible tener una creencia superficial y vaga (Tito 1:16; 1 Juan 2:13-14; Santiago 2:19).

El ateísmo práctico se manifiesta cuando decimos creer en Dios, pero no nos interesa conocer quién es, qué ha hecho en el mundo ni cómo se ha revelado. Hasta las bestias conocen a sus dueños, ¿cómo es posible que los creyentes no conozcan al Dios que profesan?

2. Creer en Dios pero estar esclavizado a la culpa:

Otra forma de ateísmo es pensar en términos del perdón, la gracia y el evangelio como si estos fueran inexistentes, vanos o vacíos. El evangelio nos da paz con Dios y nos libera de la culpa; creer en este Dios implica vivir a la luz de estos beneficios y disfrutar de esa paz.

El ateísmo práctico contradice estas verdades cuando se aferra a la culpa y la vergüenza (Salmo 103:12; Isaías 1:18; Hebreos 10:22). Sentirse inseguro ante el trono de la gracia, cargar con el peso del pecado después de haber creído en Cristo o pensar que nunca seremos lo suficientemente buenos para ser aceptados, no es otra cosa que una manifestación de incredulidad.

3. Creer en Dios pero no tener certeza en su amor:

Este punto está ligado al anterior, en el sentido de que no confiamos verdaderamente en lo que Dios dice respecto a su gracia, bondad y amor. La culpa es una expresión de esto, pero el no sentirse amado es otra forma de experimentarlo.

El ateísmo práctico se hace evidente cuando el amor de Dios no es entendido de manera personal; carecemos de esa convicción profunda de que Dios, en verdad, nos ha amado y perdonado en Cristo (Romanos 5:8; Efesios 1:7; 1 Juan 4:10; Isaías 43:1-4).

4. Creer en Dios pero no en la oración:

Creer en Dios significa vivir una vida de oración consistente. Pero no solamente en la práctica, con minutos, horas y días dedicados a rogar delante de la presencia de Dios, sino también en la espera confiada de que Él responderá nuestras oraciones de manera satisfactoria, conforme a su voluntad.

Nos mostramos como ateos cuando nuestra práctica contradice esto, no solo por la carencia y falta de oración, sino cuando esta oración carece de convicción y esperanza (Mateo 7:7-8; Filipenses 4:6-7; Santiago 1:6-8; Hebreos 11:6; 1 Juan 5:14-15).

5. Creer en Dios pero pensar que el no es justo:

La justicia de Dios es algo fundamental en la vida de todo creyente. Al hablar de su justicia nos referimos a su santidad, su severidad contra el pecado, su disposición a disciplinar como Padre, y al hecho de que Dios nos juzga no para condenación, sino para nuestra santificación.

El ateísmo práctico se manifiesta en este caso en vidas descuidadas, marcadas por la falta de santidad y rectitud (Romanos 11:22; Hebreos 12:29; Gálatas 6:7). Se revela cuando no nos ocupamos de nuestra salvación con temor y temblor, recordando solemnemente que nuestro Dios es fuego consumidor (Filipenses 2:12-13; Hebreos 10:30-31).

6. Creer en Dios pero no confiarle el futuro:

Si creemos en este Dios que proclama la Biblia, sabemos que Él tiene nuestros caminos en sus manos. Su gracia es inmensa, y el mañana está bajo su soberano control. No hay nada en nuestro pasado, presente y, sobre todo, futuro que no esté incluido en sus planes de bien para nosotros.

El ateísmo práctico se evidencia cuando sufrimos de ansiedad por el futuro, ya sea por nuestras necesidades o por cualquier otra circunstancia (Mateo 6:25-27; Jeremías 29:11; Salmo 56:3). Pero también se manifiesta cuando hablamos con jactancia del porvenir, confiando en nuestras propias habilidades y no en la gracia de Dios para con nosotros (Santiago 4:13-16).

7. Creer en Dios pero no buscarlo con pasión:

Si este Dios es quien dice ser, y creemos en Él, entonces lo buscaremos confiados, sabiendo que Él se dejará encontrar y que encontrarse con este Dios es lo mejor que nos puede suceder, tanto en la vida como en nuestro día a día.

El ateísmo práctico se evidencia cuando esta búsqueda es pobre o inexistente (Jeremías 29:13; Mateo 22:37). Nadie considera que Dios es la perla de gran precio, el mayor de los bienes y lo único digno de amar con todo el corazón, alma y mente, y, sin embargo, decide no buscarlo. Si actuamos así, estamos diciendo que creemos en algo que en realidad no vivimos.

8. Creer en Dios y no querer cambiar (crecer en santidad):

Creer en el Dios de las Escrituras significa creer que Él no quiere dejarnos igual, sino que desea transformarnos a la imagen de su Hijo Jesucristo y santificarnos por medio del poder del Espíritu Santo. Dios obra poderosamente a través de diversos medios para cumplir este propósito.

Pero contradecimos esta verdad cuando nos negamos a arrepentirnos y a crecer en santidad. Es aquí donde el ateísmo práctico se manifiesta: cuando sabemos esto y, aun así, no nos disponemos a crecer ni a ser transformados; cuando conocemos la doctrina de la santificación, pero no obedecemos los mandamientos que esa doctrina demanda (Romanos 12:2; Lucas 9:23).

9. Creer en Dios pero no amar a los demás:

Así como la Biblia hace una conexión entre la rectitud y el conocimiento de Dios, también la establece entre el amor de Dios y el amor al prójimo. Esta conexión es posible no solo porque Dios es amor, sino también porque el ser humano ha sido creado a su imagen y semejanza.

Por eso, el ateísmo práctico se manifiesta cuando decimos creer en este Dios, pero no amamos como Él nos ha mandado amar a nuestro prójimo (1 Juan 4:7–10, 20; Santiago 3:9–11). Por un lado, la Escritura afirma que quien conoce a Dios —quien es amor— también ama. Por otro, amar a Dios sin amar a su imagen, es decir, al ser humano, es una contradicción absoluta.

10. Creer en Dios pero no compartir tu fe:

Si creemos en Dios, lo conocemos y hemos recibido el mensaje de salvación en nuestra vida, ese mismo mensaje debe ser compartido con los demás de múltiples maneras. Pero no solo eso, sino que sabemos que este mensaje es poderoso para restaurar a la humanidad y manifestar las virtudes de Dios.

El ateísmo práctico se hace evidente cuando no vivimos en coherencia con esta verdad y guardamos silencio (Romanos 1:16; 1 Pedro 3:9). Si Dios ha hablado, ha prometido salvación, ha reconciliado al mundo, ha muerto por los pecadores y ha mostrado su gracia inmerecida a la humanidad, ¿cómo es posible que nosotros callemos ante semejante noticia?

11. Creer en Dios pero amar el dinero (avaricia):

La avaricia, o el amor a las riquezas, es una de las formas más comunes de idolatría. El dinero intenta satisfacernos donde solo Dios puede hacerlo, promete un poder que únicamente le pertenece a Él y nos vende un sinfín de mentiras que solo pueden ser refutadas por la verdad de Dios.

El ateísmo práctico se manifiesta cuando tenemos a otro señor, a otro dios, y nos rendimos ante él (Mateo 6:24; Hebreos 13:5–6). En nuestra época, este “dios” suele ser el dinero, la avaricia y el materialismo. Cuando caemos en este pecado y nos dejamos arrastrar por su influencia, lo que en realidad ha ocurrido es que hemos desplazado al único Señor para servir a otro.

12. Creer en Dios pero no en su iglesia:

Ya he hablado de este tema en otro lugar, aunque no exactamente bajo la categoría de ateísmo práctico. La idea va más o menos así: si creemos en el Dios de la Biblia, que se entregó por su iglesia, entonces amaremos, viviremos y creeremos en su iglesia.

Por eso, toda negación de la doctrina y de la importancia de la iglesia en la práctica es una negación del cuerpo de Cristo, y por lo tanto, una negación de la cabeza de ese cuerpo, que es Cristo (Efesios 1:22–23; Efesios 5:25–27; 1 Corintios 12:27).

El ateísmo práctico en los jóvenes

Estos ejemplos nos dan un cuadro para entender nuestro propio ateísmo práctico, pero sobre todo esto se ve con mucho efecto en los jóvenes:

  • Muchos de ellos no conocen personalmente a Dios.
  • Muchos se han decepcionado de la iglesia.
  • Muchos tienen vidas de oración muy pobres.
  • Muchos tienen como prioridad sus carreras para hacer más dinero.
  • Muchos, en la práctica, niegan a Dios.

Y así podríamos continuar con cada uno de los ejemplos mencionados anteriormente. Pero ante todo esto, surge una pregunta crucial: ¿cuál es la solución? ¿Debemos imponer algún tipo de régimen regulatorio más estricto? Podríamos pensar que, ante todos estos problemas, la raíz es un asunto de “praxis”, cuando en realidad es un asunto de “fide”.

Tome Hebreos 11 y léalo con detenimiento. El argumento de todo el capítulo puede resumirse así: por la fe, los antiguos hicieron buenas y poderosas obras. Es un asunto de tener una fe viva, una fe que se manifiesta en buenas obras. Producir obras sin fe no tiene ningún sentido. Solo una fe verdadera puede corregir el ateísmo práctico en los jóvenes… y en nosotros mismos.

Llamado final

Ante esto, debemos examinarnos: ¿creemos realmente en estos atributos? ¿Reflejan nuestra vida, nuestro corazón, nuestros pensamientos y nuestra práctica que verdaderamente creemos en estas cosas?

Si no es así, debemos alinearnos con la fe que profesamos.

Julio César Guevara

Julio César Guevara

Autor, pastor, teólogo y creador de contenido digital. Este es mi blog. Espero que puedas sentirte cómodo, para así ayudarte y servirte con los dones que Dios me ha dado.

La puntualidad en la iglesia
Vida cristiana
La puntualidad en la iglesia

Cuando empezamos la obra en la Iglesia Reformada de Venezuela Valencia Sur, el horario de comienzo era a las 9:00